Sin duda, la respuesta es SÍ. Pude comprobarlo durante mi entrenamiento en el Reino Unido. Ví cómo personas tímidas, apocadas como los ingleses terminaban el curso exudando más confianza y seguridad en ellas mismas. Los ví distinguirse de los demás, caminando, saludando, comiendo, interactuando con los otros de otra manera, como enfrentando, diría yo, el mundo de un modo distinto al que entraron cuando iniciaron el curso. Verdaderamente, no parecían mis compañeros.
¿Y qué es lo que hizo que ellos se distinguieran de otras personas en un lugar y me dejaran una impresión distinta a la que yo tenía en mente al principio de todo? Desde ya no fue la marca del auto ni el helicóptero con que algunos dejaron la bella mansión inglesa situada en la región de Somerset donde tuvo lugar la instrucción. Es algo que va más allá de lo meramente material. ¿Qué es entonces?
Sus Buenos Modales, esa es la respuesta. La forma de comportarse, de caminar, de sentarse, de pararse ante la vida, de presentarse ante alguien en una entrevista de trabajo, en una reunión, de entrar a un salón lleno de gente sin sentirse intimidado de forma alguna por ello, de cómo servir correctamente y con clase a un comensal y por qué no de saber comer con elegancia y distinción. Uno en cierto modo, pasa a sentirse seguro y confiado de uno mismo porque simplemente aprende cómo comportarse correctamente. Sin duda, el conocimiento es poder.
Nuestros modales y actitud a adoptar dicen mucho acerca de
nosotros.
Sabemos que muchas veces se han perdido negocios potenciales y
que realmente valían la pena, simplemente porque la gente de una manera
no intencional pero sí grave, llevó el negocio a ese final por no
conocer las mínimas reglas del protocolo.
Los Buenos
Modales no tienen que ver con tratar de actuar de manera acartonada
sino de prestarle la debida atención al otro como así también a uno
mismo.